Webinario Geoeconomía de la Unión Europea
Transcripción de la presentación de Nicolas Ravailhe, abogado, docente de la Escuela de Guerra económica (EGE), el 7 de marzo 2026.
La primera dificultad para los europeos es, entre nosotros, es decir entendernos. Como pueden ver en esta caricatura en la imagen, que muestra lo difícil que resulta armonizar los intereses de todos los europeos. Existen relaciones de poder económico dentro de la Unión Europea y entre terceros países, en el marco de una actualidad extremadamente importante para ustedes, ya que se están reforzando los vínculos comerciales entre el Mercosur y la Unión Europea, aunque no sin dificultades de aplicación. Incluso entre europeos, cuando hablamos de servicio público por ejemplo, la realidad no es la misma en Francia, Alemania e Italia. A veces, es incluso muy divertido. Les voy a contar una pequeña anécdota. Había un diputado francés del partido político de los pescadores y cazadores, que quería resolver el problema de uno de los empleados de su grupo político llamado Omar. El nombre del colaborador que tenía un problema con su contrato de trabajo era Omar. Pero los traductores daneses habían traducido mal el nombre, tomando el nombre de un crustáceo (el nombre Omar en francés es homónimo de “homard”, que es un crustáceo). Así que nos encontramos ante un malentendido total. ¡Los demás pensaban que los franceses estaban locos y querían ir a pescar y cazar langostas a lo grande!
En Francia, por ejemplo, se piensa que la Unión Europea es bastante débil, que carece de estrategia. No estamos muy contentos con la Unión Europea y a menudo la describimos así. Se ve en el contexto de las guerras actuales en Ucrania o en Oriente Medio. Da la impresión de que la Unión Europea no existe y de que es débil. En realidad, la Unión Europea no se dedica a la geopolítica. Se dedica a la geoeconomía. Porque la geopolítica, para ella, es una debilidad. Esto haría que vendiera menos en el mundo, o enriquecería menos a los europeos. Por lo tanto, la Unión Europea es un concepto ofensivo, de guerra económica para ganar dinero, al servicio de sus miembros más influyentes, a través de flujos económicos. Esto requiere que los operadores económicos analicen, por un lado, el contexto europeo —creo que esto se traduce bien—, los objetivos, es decir, qué significa ser “eurocompatible”, y, por otro, que sean capaces de concebir la exposición de una actividad económica en relación con las estrategias políticas, los derechos y la financiación de la Unión Europea.
Esto es válido tanto para un agente económico europeo como para uno no europeo, ya sea en el mercado interior europeo o a través de la Unión Europea. Y este es quizás el punto más importante para ustedes. Deben prepararse para acceder al mercado interior europeo con las particularidades de algunos miembros, pero también, quizá, con la Unión Europea o a través de ella, les abriremos otros espacios económicos, más allá de nuestras fronteras, simplemente porque tenemos acuerdos con terceros países. Por ejemplo, aquí en esta imagen se explica muy bien. Somos el mayor mercado del mundo. Son 450 millones de consumidores potenciales. Es más que EE. UU y son consumidores con un gran poder adquisitivo. Y se explica muy bien. Eso nos da una fuerza en todo el mundo. Así que lo que está en juego no es tanto estar a favor o en contra de la Unión Europea, sino más bien cómo la utilizamos al servicio del crecimiento de nuestros intereses económicos. Por lo tanto, esta infografía debe actualizarse, pero significa que el Consejo de la Unión Europea aún no la ha actualizado, por lo que no he podido ofrecerles la última versión. Pero a partir de este mapa se entiende muy bien los niveles de acuerdo que tenemos en el mundo. Muestra el grado de integración de los intercambios económicos. Así que es, al mismo tiempo, un mapa que permite ser muy ofensivos para ir hacia los países donde tenemos acuerdos. Pero eso también significa que hay que protegerse, porque habrá muchos centros neurálgicos, muchos caballos de Troya.
Así pues, lo que queremos los europeos es firmar acuerdos económicos porque tenemos estrategias ofensivas. Y, al mismo tiempo, poner de relieve nuestros valores, nuestros principios y nuestros derechos fundamentales. Se trata de una relación un tanto triangular, en la que hay que hacer malabarismos entre Europa y su mercado interior. Y la lógica de estos Estados miembros es que también hay que trabajar con los Estados, porque no todos los Estados, ni todas las empresas, ni todos los grupos financieros de la Unión Europea tienen los mismos intereses. En función de eso, vamos a intentar acceder a nuevos mercados como el Mercosur. Los chinos o los estadounidenses también lo entienden muy bien. Por lo tanto, quizá intenten pasar por la Unión Europea para llegar al Mercosur. Los Estados Unidos de América, por ejemplo, están furiosos porque nos acusan de trabajar con China para luego invadir su mercado. A menudo se dice que los Estados Unidos son más fuertes que los europeos. Es cierto en geopolítica. Pero eso explica por qué los europeos no hacen geopolítica, ya que son económicamente más fuertes que los estadounidenses en la relación económica. Los Estados Unidos de América son fuertes vendiendo armas, geopolítica y energía. Pero son muy débiles en el resto del comercio.
Dado que los europeos tienen ahora una media de 200 000 millones de superávit comercial con Estados Unidos cada año, no se quiere desafiar a Estados Unidos en el ámbito de la geopolítica. No se quiere entrar en conflicto con ellos. Se obtiene mucho más dinero de ellos en el comercio de bienes. El problema es que no son todos los europeos. Del mismo modo, vemos que los alemanes y los italianos tienen un gran superávit con Estados Unidos. Irlanda es un caso un poco particular porque se trata de empresas estadounidenses en Europa, pero con volúmenes financieros, no obstante, enormes que llevan a un país pequeño a tener 50 000 millones de superávit comercial en un año con Estados Unidos. Y vemos que otros Estados son caballos de Troya, como los Países Bajos. Importan mercancías de China y de Estados Unidos para revenderlas en la Unión Europea. Lo que hace que haya dos modelos económicos, un poco opuestos, aunque de vez en cuando Alemania también actúe un poco como los Países Bajos. O bien exporto para vender en el extranjero, o bien importo para vender en la Unión Europea. Y estos dos modelos económicos totalmente opuestos crean una convergencia de intereses, lo que al final hace que Europa no se proteja y siga modelándose según estrategias de guerra económica ofensiva.
En cuanto a los servicios, la situación es diferente. Los europeos importamos más de lo que exportamos a Estados Unidos. Estas importaciones de servicios no se deducen de las cifras que vemos en la tabla de países con superávit. Francia, por ejemplo, consume tanto Netflix como Alemania, mientras que Francia no exporta tantos bienes a Estados Unidos como Alemania.
Esto permite a las empresas digitales estadounidenses ganar mucho dinero. En nuestro caso, los estadounidenses quieren gravar los bienes exportados a Estados Unidos, lo que incita a la Unión Europea a tomar represalias contra los servicios digitales que ganan mucho dinero en Europa. Aquí se ven los flujos financieros, por lo que las inversiones directas son muy importantes para Europa. Se ve que los europeos invierten un poco en América Latina, y que ustedes no invierten en Europa. En torno a esto, tenemos estrategias de seguridad económica. Y esto da lugar a estrategias cada vez más elaboradas en Europa en materia de seguridad económica. Lo estudiamos todo. Y publicamos mucho en fuentes abiertas con lógicas de guerra de la información. Fíjese, por ejemplo, en este documento sobre la presencia de los chinos en América Latina. Para nosotros es muy importante analizarlo objetivamente, comprender si hay amenazas u oportunidades. Pero esto también se utiliza como una guerra de información entre europeos, porque así los alemanes pueden decir a los franceses que hay que estar de acuerdo con el Mercosur, ya que si no hay Mercosur, serán los chinos quienes hagan negocios con América Latina, y no los europeos.
Así pues, en Europa hay think tanks que llevan a cabo una guerra cognitiva para que la gente piense como el adversario. Además de la guerra cognitiva, existe también la guerra informativa, que es más bien el trabajo de consultores y abogados a la hora de iniciar y asegurar un proceso de decisión. También les he preparado dos pequeños documentos para mostrarles que los estudiamos con gran precisión. Todo es importante para nosotros: la ecología, los incendios. Este es el último estudio que se ha elaborado sobre América Latina, pero también observamos su nivel de innovación en las regiones.
Por lo tanto, el Mercosur va a aumentar los flujos comerciales; aunque no se haya ratificado, existe claramente una voluntad por parte de la Unión Europea y de los Estados miembros —y también de Francia— de cooperar más estrechamente. Esto se hará mediante lógicas de exportación, pero también de importación. Es este artículo de los tratados de la Unión Europea el que hace que lo que nos vayan a vender, una vez que se importe a la Unión Europea y entre por un puerto europeo, pueda circular libremente por toda la Unión Europea. Por eso, para ustedes, los puertos portugueses, franceses y quizá belgas son importantes, porque son los primeros en términos de acceso geográfico. La estrategia de la Unión Europea consiste en importar productos de bajo valor añadido y exportar productos de alto valor añadido para ganar más dinero.
Por otra parte, se ve muy claramente en las relaciones económicas, según la Oficina Europea de Estadística, que ustedes venden sobre todo materias primas a Europa y que nosotros les vendemos sobre todo productos más elaborados. De ahí el reto de la inteligencia económica entre un país como Francia y también América Latina, para quizá trabajar juntos contra una estrategia alemana o neerlandesa que pretende ganar mucho dinero en sus países.
Aquí vemos una fuente oficial y de libre acceso de la Unión Europea. En este caso, no se puede ver por zonas, sino únicamente por países. Por eso he elegido Argentina, ya que, François, tú hablas desde Argentina. Pero se puede hacer para todos los países. Sabemos con precisión quiénes son los 713 beneficiarios de fondos europeos en Argentina o relacionados con Argentina, según los países de origen. Es decir, se trata de fondos que están en la Unión Europea y que van a tener un interés en Argentina. Los 713 beneficiarios son empresas europeas, latinoamericanas o incluso chinas en América Latina. Se podría pensar que España sería uno de los primeros países en la lista. Pero no, el primero es Italia. Lo cual es comprensible en el caso de Argentina, ya que existen vínculos históricos.
En este caso, son los fondos europeos los que han financiado proyectos en Argentina, por lo que hay 519 millones de euros de los 614 programados entre 2014 y 2024. Lo mismo ocurre con los 226 beneficiarios de estos proyectos en Argentina, pero en este caso están ubicados en territorio argentino. La referencia es el Sistema de Transparencia Financiera. Esto es importante porque va a estructurar la cooperación entre América Latina y la Unión Europea. Incluso se financian incluso ONG para hacer lobbying en América Latina. Es posible, incluso se puede hacer eso con Estados Unidos, al igual que se puede hacer con América Latina. En mi carrera, cuando gestioné fondos europeos, había un fondo para prohibir los productos tóxicos que respiraban los peluqueros. La Unión Europea financió el proyecto y luego lo convirtió en ley. El proyecto, que se había financiado para desarrollar una tecnología alternativa y no tóxica para los peluqueros, acabó en una situación de monopolio legal en un mercado de 450 millones de consumidores. Esto acabó con todos los competidores. Les he presentado los fondos para Argentina, pero es posible extraplarlo a todos los sudamericanos. También es posible invertir en Europa, disponer de fondos en Europa. Por ejemplo, los chinos o Hawái, que están presentes con 242 millones de euros de compromiso presupuestario europeo para realizar I+D en el ámbito de la seguridad digital con los europeos. Todo ese dinero no es para Huawei. De esos 242 millones de euros, no quieren nuestro dinero. Pero quieren estar presentes en tecnologías digitales innovadoras. He hablado de la ciberseguridad, pero no se trata solo de eso, sino también del 5G, el 6G, etc. Han estado muy activos, porque eso es lo que les permitirá mañana obtener enormes beneficios con una legislación europea que les será favorable. Así que, en la guerra económica, vamos a financiar, a dar dinero a los actores económicos para que sean poderosos y eficaces en Europa y, a través de Europa, en el resto del mundo. Y siempre hay una interacción. Para conseguir ese dinero, hay que respetar las estrategias políticas de Europa. Así que hay que trabajar en ellas, hacer lobbying. Pero al mismo tiempo, cuando se recibe financiación de la Unión Europea, eso sirve para hacer derecho y también estrategia política. Todo interactúa constantemente.
Por eso debemos desarrollar estrategias de inteligencia económica, hacer que trabajen juntos ingenieros, juristas, economistas y financieros, y trabajar de forma multidisciplinar con estrategias siempre muy agresivas, tanto frente a los competidores del mercado interior europeo como en los acuerdos con terceros países. Esta guerra económica hace que, por ejemplo, los productores de leche cruda tengan que aliarse contra otras producciones agrícolas. Pero, al mismo tiempo, la leche cruda o los productos sin leche cruda intentarán hacerse con cuotas de mercado a su costa. Así que incluso libramos una guerra económica con aquellos con quienes, de vez en cuando, debemos asociarnos.
Para concluir, solo quiero decir que por eso hay ahora mucha formación en inteligencia económica, en guerra económica, y que también hay que entrenarse mucho, hacer un poco como los militares que realizan maniobras, hacer muchos casos prácticos. Incluso se elaboran incluso escenarios prospectivos de ataque y defensa. Habla el abogado. Hay que trabajar mucho, mucho con las fuentes abiertas y las fuentes accesibles. Pero hay muchísimas publicaciones, como decía antes: los think tanks de las instituciones, los think tanks privados, la legislación, las estrategias políticas, las financiaciones.
Preguntas y respuestas
En cuanto a la Unión Europea, mi primera pregunta sería: ¿qué opinan, Nicolás y François, del Tratado de la Unión Europea en lo que respecta al MERCOSUR, en particular a América Latina, y más concretamente a Uruguay, de donde yo vengo? ¿Es algo bueno o malo desde el punto de vista de nuestro país?
Creo que es una cuestión importante, que por cierto también se aplica a los demás países de América Latina, no solo a Uruguay. Para mí, el Mercosur tal y como es hoy en día aún no ha sido totalmente ratificado por la Unión Europea. Ha entrado en vigor de forma provisional y sigue habiendo una fuerte controversia, incluso jurídica, en el seno del Parlamento Europeo, con una solicitud de remisión al Tribunal de Justicia. Francia no es necesariamente hostil al Mercosur en sí mismo, pero se muestra reticente respecto a la negociación llevada a cabo por la Comisión Europea. Quizás pueda añadir que, en mi opinión, el acuerdo no es ni bueno ni malo. El problema es cómo lo vamos a utilizar tanto en Uruguay como en Francia. Es decir, a partir del momento en que se ratifique, cómo se aplicará y se pondrá en práctica. La realidad, por tanto, ya no es para nosotros si es bueno o malo, sino cómo lo utilizamos. ¿Cómo trabajamos juntos? Lo que es seguro es que va a intensificar la guerra económica. Eso es seguro y, por lo tanto, hay que prepararse para ello, encontrar buenos socios en ambos bandos, defender a las empresas o a los sectores. Personalmente, no tengo ningún interés en la venta de coches alemanes en Uruguay. Por lo tanto, estoy dispuesto a trabajar con uruguayos contra los vendedores de Volkswagen. Todo depende de las empresas, de los sectores. Y, sobre todo, hay que entender bien que se trata de una intensificación masiva de la guerra económica. Por eso hay que aumentar realmente nuestro nivel de conocimiento y formación con estructuras como las que tú creas, François, entre ambas orillas, para que nos entendamos bien. Lo que hacéis es muy importante y hay que crear estructuras para cultivar este vínculo.
Mi segunda pregunta se refiere a lo que Nicolas acababa de mencionar, sobre el sector agrícola. ¿Cuál es el ambiente o cuáles son las reacciones? Sé que en Francia ha habido numerosas movilizaciones y manifestaciones contra este tratado. En el sector del que provengo, que es el sector lácteo, ¿cuáles son las primeras reacciones en Francia al respecto?
Creo que el temor se centra más en la venta de carne de vacuno que en la de leche. Aunque quizá no conozca con suficiente detalle la cuestión de la leche. El problema es que nosotros, los franceses, tenemos una larga tradición de amistad con América Latina. No hay hostilidad por parte de los franceses hacia los países y los productores agrícolas de América Latina. Se critica a la Comisión Europea por llevar a cabo negociaciones desequilibradas en ámbitos en los que se considera que la alimentación no es una mercancía como las demás en el marco del libre comercio. Es algo que afecta a la seguridad alimentaria, a la soberanía alimentaria, y que no debe alterarse para desestabilizar los mercados de los países. Esto es cierto para los europeos, pero también lo pensamos para los sudamericanos. Los franceses no quieren que Europa desestabilice. No es la opinión de los alemanes, ni de los neerlandeses, ni siquiera de los españoles. Los franceses están comprometidos, en materia agrícola, con las regulaciones del mercado, con lógicas de regulación del mercado para estabilizar los sectores. Por lo tanto, se considera que si se introduce esto en la guerra económica, es muy peligroso para ambas partes. En un primer momento, se puede encontrar un juego en el que todos ganan en torno al comercio de la leche. Pero muy pronto, la Unión Europea puede firmar un acuerdo de libre comercio con otros países, por ejemplo Australia, y eso podría desestabilizar totalmente a Uruguay.
Es también la vulnerabilidad de Francia en materia agrícola. Es un país que produce muchas materias primas, pero que las transforma muy poco, a diferencia de Italia. Y eso es lo que hace que pueda haber un choque con América Latina. También creo que América Latina, tal y como he mostrado con los datos de Eurostat hace un momento, en sus intercambios con Europa, vende muchas más materias primas y muy pocos productos transformados. Por lo tanto, si la leche uruguaya desestabiliza los mercados europeos, habrá una reacción para reequilibrar los intercambios. En el Mercosur contamos con un mecanismo para hacer eso. El problema es que eso no prejuzga el resultado. Es como un abogado que presenta una demanda ante un juez, sin estar seguro de que el juez nos dé la razón, aunque tengamos buenos argumentos. En cambio, lo que puede ser —y es más bien el consejo que daría a toda América Latina y a la producción lechera uruguaya— es intentar trabajar más en el valor añadido y mantener un mayor margen. Quizás, por ejemplo, en la elaboración de quesos, para no copiar los quesos europeos. Estoy seguro de que puede haber un queso uruguayo muy bueno que se venda muy bien y que incluso nosotros, los franceses, podríamos ayudar a vender en Alemania, Italia o Rumanía, sin entrar en competencia. Es una situación en la que todos ganamos. Para ustedes, controlar mejor su margen, conservarlo mejor. Los franceses no verán una competencia frontal. Quizás esto sea más un problema para los italianos que para los franceses.
Según Nicolas, la Unión Europea ha dejado la geopolítica en manos de EE. UU. y ha preferido centrarse en la geoeconomía. ¿No se trata, pues, de una mala estrategia, sabiendo que la geopolítica puede tener un impacto enorme en la economía? Tenemos, por ejemplo, el caso de Venezuela y la guerra en Irán actualmente con el cierre del estrecho de Ormuz. ¿De qué manera se articula, en definitiva, la prioridad geoeconómica de Europa, que tú has destacado bien, con el hecho de que haya relegado a un segundo plano la agenda geopolítica?
Gracias por la pregunta, que es realmente de gran actualidad y que, efectivamente, enfrenta a los europeos a la problemática de la geopolítica y a lo que harán los Estados Unidos. Sin embargo, no creo que la situación cambie. A Francia le gustaría que Europa fuera mucho más una potencia geopolítica. Pero los demás países no lo quieren. Es una potencia económica, una potencia financiera. No contamos con una gobernanza muy adecuada entre los europeos para hacer frente a los problemas geopolíticos. Incluso para Alemania, es muy complicado. Pongo el ejemplo de las exportaciones de armas. En Alemania, es el Bundestag, es el Parlamento, el que las aprueba. En Francia, es un funcionario quien decide en nombre del primer ministro. Es un sistema muy vertical, por lo que somos muy diferentes entre los europeos. Pero, sobre todo, como decía antes, no queremos desafiar a los estadounidenses porque es gracias a la geopolítica que los estadounidenses ganan dinero. Luego está la moneda. El poder de Estados Unidos reside en la geopolítica y la moneda. También podríamos utilizar el euro frente al dólar, pero no queremos hacerlo. Porque queremos que los estadounidenses ganen mucho dinero y que, con ese dinero, compren a los europeos, es decir, 200 000 millones de superávit comercial al año. Es una cifra enorme. Se hace todo lo posible para proteger eso. Ni siquiera nos protegemos de la extraterritorialidad del derecho estadounidense, que es un arma de ataque económico, porque en Europa se considera que es una extorsión. Pero sigue siendo rentable pagar la extorsión antes que desencadenar una guerra con los estadounidenses si entramos en su terreno, o si desencadenamos una guerra de aranceles aduaneros. Habría más tensión, y si hay más tensión, los europeos venden menos a Estados Unidos y eso no les conviene económicamente. Esa es la primera y principal razón. La segunda razón por la que los europeos no van a hacer geopolítica es que eso molesta en el mundo y los europeos quieren vender en todo el mundo. Quieren firmar acuerdos de libre comercio con Australia, con la India, con Corea, con Japón y, quizá mañana, con Vietnam; eso es un hecho. La Unión no tiene ningún deseo de ser, según la expresión, el gendarme del mundo. Francia tiene una visión particular, porque tiene una cultura geopolítica, porque enseña geopolítica. En Alemania ni siquiera se enseña. El antiguo ministro ecologista alemán, el Sr. Abeck, decía que hay que establecer condiciones de seguridad en la geoeconomía. Eso significa claramente que no quieren. Se ve muy claramente. Frente a Rusia, se ve con la guerra en Oriente Medio, en Irán. También se ve la reacción de los europeos respecto a Venezuela. Si tomamos el ejemplo más concreto de Venezuela, lo que hace el presidente de Estados Unidos también acerca de manera indirecta, mediante un juego de go, a los europeos de los países de América Latina. Creo que los países de América Latina ven en la Unión Europea a un socio muy fiable y piensan que Estados Unidos es un poco más complicado con la actual gobernanza. Por cierto, no soy ni pro ni antiamericano. Es normal que Estados Unidos se defienda con las armas en las que es bueno. También hay que aceptarlo. No es solo Donald Trump. Ya era así antes, con Biden, con los demócratas igual de duros en las relaciones comerciales que los republicanos. Resulta que Donald Trump da la sensación de ser un poco más brutal, no tiene los mismos códigos sociales, el mismo lenguaje, los mismos hábitos que los demócratas. Pero hay que tener en cuenta que es normal que Estados Unidos defienda sus intereses, es lógico. Hay que entenderlo.
Tengo una pregunta para ti, Nicolas, que tiene que ver con la maniobra de Holanda en la Unión Europea. ¿A qué juega Holanda? Has hablado de un caballo de Troya, es decir, que Holanda se alía con China para importar masivamente productos chinos a Europa y que se benefician de un margen de maniobra suficiente para generar precisamente superávits comerciales mediante la reventa de estos productos en Europa. ¿Cómo es esto posible en Europa y en qué sentido constituye una guerra económica?
Los Países Bajos, según Eurostat, importan de China, de media, 100 000 millones de euros al año hacia la Unión Europea. Eurostat lo denomina el «efecto Róterdam». Todo ello se revende posteriormente en el mercado interior europeo y se generará, siguiendo la misma lógica, con otros países. Este mecanismo generará para los holandeses más de 300 000 millones de superávit comercial en el comercio intraeuropeo. Por lo tanto, ganan dinero con el superávit, pero también con el flujo. El hecho de importar, vender y exportar es el resultado del flujo que explicaba antes al decir que el poder económico de los europeos es el flujo de alto valor añadido. Así que, en concreto, hay «francotiradores» desde los Países Bajos que van a examinar la producción en Europa. Van a fijarse en la tecnología, los costes de producción, los márgenes económicos. Van a ir a ver a los chinos y se preguntarán si pueden hacer lo mismo según las normas europeas, a mitad de precio. Y después, importarán los productos de China. Es un poco como el blanqueo, salvo que no es blanqueo de dinero, sino blanqueo de importaciones asiáticas. Luego se distribuye por todo el mercado interior europeo gracias a las disposiciones de los tratados que he mostrado hace un rato, el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Los chinos inundan los mercados europeos.
Es importante destacar que no solo los neerlandeses hacen esto. Los alemanes también lo hacen ahora con el puerto de Hamburgo. Y no solo para revender en el mercado interior europeo, sino también para revender en Estados Unidos. Es de ahí el enfado de los estadounidenses del que hablaba antes contra los europeos. Podemos examinar las cifras. Alemania registró un superávit comercial de 50 000 millones de euros con Estados Unidos en 2020. Y en 2024, el superávit comercial será de 92 000 millones de euros. Alemania no ha aumentado su capacidad de producción en un 40 % en menos de cuatro años, con la misma población y la misma geografía. No ha ampliado su tejido industrial, tampoco puede aumentar sus márgenes en un 40 %, porque si no, no vendería. Y por eso los estadounidenses están furiosos, porque Alemania vende más en el mundo. Se trata, una vez más, de una lógica de flujos. Importa de Europa del Este, donde tiene muchas fábricas, importa de Ucrania. Pero también vemos que estas importaciones, como nos muestra Eurostat, que estas importaciones procedentes de China han aumentado, y le permiten revender su producción en otras partes del mundo. Lo que quizá también permita dejar de producir con bajo valor añadido en Alemania, cerrar las fábricas poco rentables, para comprar en China, que es chatarra, y, en cambio, sustituir lo que no era rentable por producciones industriales que, estas sí, tienen la ventaja de poder venderse en otros lugares. Así pues, utilizará a China para producir a bajo coste y con escaso valor añadido, de modo que pueda movilizar su aparato productivo únicamente en lo que es muy rentable y tiene un valor añadido muy elevado.
Por eso, para el Mercosur, es muy importante comprender esta lógica. Los volúmenes de intercambio aumentarán. Habrá algunos mecanismos de corrección difíciles. Pero aumentarán mucho. Así pues, el objetivo de Europa es tener más flujos de intercambio. Por lo tanto, los países del Mercosur deben hacer inteligencia económica para acceder mejor al mercado europeo. Pero también es necesario que los europeos cuenten con buenos socios en América Latina. La rivalidad se dará entre Volkswagen y Peugeot, Fiat, Stellantis. En realidad, no es una rivalidad contra los productores. Es un trueque. La guerra comercial en el Mercosur también está activa entre europeos, quizás incluso más entre europeos que con los latinoamericanos. Por lo tanto, ganará quien haya tenido los mejores socios de inteligencia económica dentro del Mercosur. La guerra comercial se librará más entre europeos para vender productos manufacturados. Y es necesario que los países del Mercosur se posicionen bien ante estas realidades, pero también que, por otra parte, haya una mejora de la gama de productos, una transformación, en valor añadido y en margen. Esto también es cierto en cierta medida para África, pero para África hay programas más específicos. Está Global Gateway, hay otras estrategias, otros acuerdos más específicos. Sería muy interesante organizar un seminario web sobre los retos con África. Lo que es importante comprender es que la Unión Europea es un gran centro de negocios. Quizá sea más fácil para los países del Mercosur o de América Latina llegar a África a través de la Unión Europea que si quisieran ir directamente. Todo se construye, como decía, no sobre la geopolítica, sino sobre los flujos. Por eso es muy importante cooperar con los europeos, para vender en Europa o para importar desde Europa a América Latina, para acceder a terceros países. Nosotros, los franceses, ya lo hacemos cuando estamos en desacuerdo con ciertos países. Es gracias al acuerdo de libre comercio con Canadá que los canadienses comercian con nosotros. Los quebequenses, ya que hablamos el mismo idioma, quizá puedan tomar el relevo. Y a la inversa, nosotros, los franceses, podemos ayudar a los quebequenses a entrar en Europa. Creo que es un poco lo que intenta hacer España con su proximidad lingüística para los países de América Latina. Pero ha comprendido que quizá también podría importar más y revender productos sudamericanos, ya que habrá una fluidez de entendimiento gracias al idioma. No obstante, también puede haber competencia e intereses divergentes con España y América Latina. Ya lo hemos visto: España ha podido bloquear en el pasado algunas negociaciones, mientras que los franceses se mostraban más abiertos.
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